Mi mamá me llevó a Madrid y a Guanajuato
al circo
y a tres conciertos de Timbiriche.
Me llevó al Show de La Chilindrina
a ver "La Novicia Rebelde" en El Palacio Chino
al Sanborn's de los Azulejos
al Hotel de México
y a los baños de lodo en Ixtapan de la Sal
Me llevó al Lido de París
a Morelia y a Janitzio
y a una escapada rara en coche que luego supe que fue huida.
A mi primer día en el kinder, prensada de sus piernas.
Me llevó a una cantidad importante de fiestas y presentaciones en esa camioneta Gremlin que crepitaba y encendía sin llave,
también me llevó a empeñar sus joyas para poder comprar el Topaz
y al taller cuando se descomponía.
Me llevó a la costurera para hacerme disfraces y uniformes
a misa los domingos y a los pollos rostizados de después.
Al restaurante La Madrileña, que nos encantaba
y a Colombres la primera vez.
A ver a los tíos a Cancún
a comer strudel en Viena
a muchos doctores
a graduarme muchos lentes y plantillas
y a operarme de los pies.
Me llevó al primer Videocentro de la colonia
y me mandó muchos veranos a Louisiana
a campamentos, clases de órgano y de ballet
y unas cuantas veces a la desesperación.
Fuimos a visitar a la tía Pili y a la tía Meche y a la tía Covadonga y a la tía Ilse
a comprar focos al centro y a Conasupo cuando había poco dinero
pantalones a Suburbia
vestidos bonitos cuando pudo
y una computadora que dejé olvidada en una banca por estar enamorada (qué bueno que ya no se enteró)
Me llevó a comprar un perrito que cupiera en mi bolsillo, como el que salía en la tele
y me llevó en su panza unos meses
y al aeropuerto cuando volé hacia mi libertad.
Yo también la llevé a muchos lados, cuando supe manejar.
Y todavía la llevo. En el coche, en el metro, y donde sea que se mueva el centro del amor.

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